jueves, 22 de octubre de 2009

La lluvia

Alguna vez, le di a alguien los poderes de la lluvia, (me considero con ese don, toda vez que cualquier cosa que tenga que ver con el agua, sea la de lluvia, del río, de laguna o del mar siempre de un extraño modo me cautivó, sin siquiera detenerme a pensar porqué.) creo que esa persona debe haberme considerado un loco, o quizá peor: un estúpido... o quizá mucho peor: ambas cosas...  no importa, ya se los di, lo que se da no se quita. Por ello aquí expongo el acta mediante la cual dichos poderes transferí un día... ¿triste o feliz?... ya ni lo sé, lo único que sé, la única certeza es, entre las pocas que me quedan, que nunca más le daré estos poderes a nadie.


Te han sido conferidos los poderes de la lluvia. Por lo tanto desde hoy hasta la eternidad, podrás hacer lo siguiente:


1.        Ayudar a cruzar la calle a barquitos de papel que han quedado encallados en cordones secos.


2.        Andar libremente por las terrazas y molestar a los gatos que trasnochan.


3.        Escurrirte por los árboles y producirle insomnio a la comida de los gatos.


4.        Tamborilear sobre los techos de chapas de los dormitorios, y mejorar la experiencia del sueño y del amor.


5.        Dibujar a tu antojo tus caprichos sobre los vidrios de las ventanas, y que casi nadie te preste atención, salvo aquellos que acostumbramos a mirar la lluvia porque sí.


6.        Liberar de huellas de caminatas, las veredas y arrastrar hacia el río sus melancolías junto a los barcos de papel mencionados arriba.


7.        Sugerirle que eres sonrisa, a algún loco que cuando llueve le da por escribir. De este modo tus poderes serán transferidos (sin perderlos) a quien, sin darse cuenta,  le sonría de algún modo a ese loco, cuyos barquitos de papel, hayan quedado varados por ahí.


Como habrás visto, son poderes bastante módicos, inclusive hasta inútiles. Por esa razón es posible renunciar a los mismos, dicha renuncia no te perjudicaría en modo alguno, hasta creo que sin ellos podrías ser más feliz.


La autorización de este documento es sencilla: una vez impreso, se expone a una noche de lluvia hasta que quede borroneado (en el lenguaje de las amas de casa se dice "destiña"), una vez seco, se construye con él, un barquito de papel, y se deja a la orilla de cualquier calle (si es de tierra y cercana al río, el trámite se verá notablemente agilizado).




...debería firmar esto como El Loco, o como El Estúpido... o como El Ambas Cosas, porque quizá aquella persona que recibió este legado, podría llegar a tener razón.