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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

que hago en la corriente?





Qué hacés en la corriente?

me entremezclo en los sueños de los peces
para resbalar con gracia la penuria de la tierra
y poder despertar a otros silencios.

Adónde te llevan los remolinos?

al viaje interminable del límite
entre el aire y el agua, el agua y la arena
y al límite imperfecto e impreciso
de los oscuros bordes de mi corazón.

Qué escuchás bajo el agua?

la música imposible,
el Himalaya de mis sueños sonoros
el canto de sirenas de los amores que no fueron
y de los que nunca serán...
y el ronquido sublime del alma que descansa
cuando la pena del aire lo despierta demasiado.

Qué ves bajo el agua?

los sueños más sutiles
que suele quebrar el viento de la orilla,
la oscura voz del río, el ángel de su canto más hondo
la niebla interminable fundida con la angustia
de los brazos que cansados ya no pueden volver.

Qué calor imposible te atempera?

el de la sangre más profunda,
el que vuelve en cada sol a marcarme la piel,
el que dice que aún soy ese niño,
el que niega todas las cenizas,
aún esas del padre
dispersas en un otoño incierto,
el del incendio adolescente renacido...

el calor de la guitarra insomne
que me apuñala el sueño cada luna...

el del amor burlado entre baldosas repetidas
el del amor perdido entre cantos
que no llegan al mar....

Qué te lava la correntada?

los huecos que me dejan las flechas de las penas
los excesos de risa
los fantasmas de alcohol
los recuerdos que crujen como viejos navíos
la tintura del vaivén del corazón
que fijada con pasos de silencio y bulevar
tarda en salir....
y a veces creo que mancha para siempre...

y estos versos....
y otros versos me lava,
los que no salen y molestan
los que me aprietan el paso y los dientes
los que me tiñen la inercia de los días
como una corriente paralela...

....por eso busco esa corriente que la enfrenta
en cada tarde,
en cada brisa,
en cada milímetro de tiempo y de latido
en cada segundo creciente y a la vez
petrificado en el asfalto
sobre la geométrica corriente del bulevar.

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