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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

Marcelino

silbando en la bici
silbando, cantando y puteando
entre maderas, martillos y serruchos
el chófer irreemplazable
el piloto sin jamás un auto propio
el marinero
el enfermero
el que arreglaba todo
el de los milagros de madera
el de la pesca
las boyas de Alumni
el compañero de la infancia
el del único chirlo una vez
que fue una nube, un zarpazo suave
y dije: con esa mano tan grande
y no duele!
el de las carreras, el fútbol, el básquet...
y aquí, esto que queda
nada de eso, guitarra, palabras
mística de contrapelo...
no importó nada,
un día me trajiste una guitarra
aprendí
y la guardé un par de años
a los años volví y te dije: música
y saqué la guitarra
y dijiste bueno...
y yo digo gracias desde entonces.
 
 a Marcelino Luis Martini, mi padre,
que quizá nunca supo qué me enseñó, 
y yo lo voy descubriendo en cada paso hacia el final.

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