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Buen viaje compañero-maestro

Hay otro plano donde se festeja que llegó un maestro que hará  coreografías de otra dimensión... seguramente... y quizá en alguna noche de enero veamos algunas estrellas bailar una sajuriana por lo pronto estamos tristes Laborde está de luto y hasta el cielo está llorando por estos días. ¡Tantas madrugadas compañero! Como dicen: éste no es el único baile que bailamos... y ahora estás armando otro baile que seguro será maravilloso.  ¡Buen viaje y buen baile compañero!  Gracias por tu inmensidad.                                                                          Dedicatoria   A la memoria de Héctor Aricó, Maestro y compañero de infinitas madrugadas.  

Allá lejos...

 En la temprana adolescencia, allá por el 77, en un libro de texto (Shunko, de Jorge W. Ábalos) encontré este poema de Tomás Eloy Martínez, que memorizé automáticamente. Luego no volví a saber de él, hasta ahora que acabo de encontrarlo luego de años de búsqueda. Gracias Maestro Tomás, creo que ahí se consolidó mi vocación por decir lo que duele callar. 


Lamentación por Ana Vieyra

No encenderá tu amor, como la oveja,

el viento en los vellones fugitivos,

ni tu perfil de alondra en las espumas

de un verano desnudo,

como la sangre vuelve a las cigarras,

después que las canciones han herido su sombra.


Ya no, Ana Vieyra, sobre la adolescente

soledad de tus manos sin orillas

amanecerá el aire, entre pastores.

¡Tu largo corazón se ha vuelto río!


Si tu aliento no empuja el mediodía,

¿cómo alzarán su lengua los quebrachos,

y cómo  la algarroba, sin tu alma temprana,

recogerá los sueños del otoño?


Dile a la tierra tu silencio, dile

tu pan al agua y tu mejilla al cielo.

Si no resbala el corazón, los juncos

arderán con la flor de tu misterio.


Pero dame tu oveja y tu memoria:

no hay otro sueño que las guarde, sólo

mis pájaros abiertos en tu boca

como una larga sed, cerca del polvo.


Tomás Eloy Martínez



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