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Palomita de arcilla

 Allá a finales del 2013 me contaste de una palomita de arcilla que hiciste en un taller de cerámica y que nunca volviste a encontrar. Me vino la inspiración y me salió una historia y una canción. Y hoy casi 12 años después estás aquí a mi lado, compañera de vida y viajes y aventuras que siguen volando.  Creo que aquella palomita merece un homenaje aquí, en este sitio donde fui plasmando el mapa de mis andares.    Sueño de paloma de arcilla 7 de enero de 2014 a la(s) 13:45 Una paloma rígida de arcilla que pasó por el infierno aburrida en la sombra del suelo que le duele nunca perdió la esperanza de volar y no se quedó de alas cruzadas aunque estaban quietas por diseño más que por ganas el cielo le temblaba en la mirada mientras le dolía el suelo las patitas con hambre de ramas las plumas ausentes en la ausencia del duro volar de la cerámica ¿qué es esta jaula que me duele y no veo? preguntaba a sus días de repisa ¿qué son estas paredes ...

Allá lejos...

 En la temprana adolescencia, allá por el 77, en un libro de texto (Shunko, de Jorge W. Ábalos) encontré este poema de Tomás Eloy Martínez, que memorizé automáticamente. Luego no volví a saber de él, hasta ahora que acabo de encontrarlo luego de años de búsqueda. Gracias Maestro Tomás, creo que ahí se consolidó mi vocación por decir lo que duele callar. 


Lamentación por Ana Vieyra

No encenderá tu amor, como la oveja,

el viento en los vellones fugitivos,

ni tu perfil de alondra en las espumas

de un verano desnudo,

como la sangre vuelve a las cigarras,

después que las canciones han herido su sombra.


Ya no, Ana Vieyra, sobre la adolescente

soledad de tus manos sin orillas

amanecerá el aire, entre pastores.

¡Tu largo corazón se ha vuelto río!


Si tu aliento no empuja el mediodía,

¿cómo alzarán su lengua los quebrachos,

y cómo  la algarroba, sin tu alma temprana,

recogerá los sueños del otoño?


Dile a la tierra tu silencio, dile

tu pan al agua y tu mejilla al cielo.

Si no resbala el corazón, los juncos

arderán con la flor de tu misterio.


Pero dame tu oveja y tu memoria:

no hay otro sueño que las guarde, sólo

mis pájaros abiertos en tu boca

como una larga sed, cerca del polvo.


Tomás Eloy Martínez



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