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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

¿Que se ve de aquel lado?


¿Qué se ve de aquel lado, compañero?...

pregunto desde esta orilla, te acordás?
el calor temprano de setiembre
nos empapaba la sombra,
y el barro era un arma blanda
y una isla de héroes asadores escondidos
y el vino adolescente inaugurando sinrazones...

y ahora.... allí mismo una astilla de mi sangre
se moja los diminutos pies, y el sol por un instante
tiene algo de aquel sol
¿cómo pasó todo? ¡Cuánta corriente!

Cómo se ve desde tu orilla compañero?
esa orilla a la que no me llevan
ni un millón de brazos cansados,
ni siquiera esta lágrima que me empuja

Qué pasó? qué hubo en lo profundo
de ese día de naufragio....
¿ves esos peces tímidos que imitan la luz?
¿te da el sol (algún sol, no sé) en la cara?
¿tenés los brazos cansados todavía?

¿qué hay de toda el agua que navegó en la piel?
¿en cuál humo de tantos se te entremezcla la risa?
¿qué amores de viento golpean tu puerta con la luna?

Acá, viste cómo es, todo duele y golpea.
A veces alguien te sonríe entrelíneas
y es un golpe en el agua.
A veces todo está seco, como ahora
y me voy a esta orilla en la que sangro...

pero seguimos... aunque el agua se escapa siempre,

¿qué se ve compañero de aquel lado?
quizás un día también te lo pregunten
esas dos gotas de río que dejaste.

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