domingo, 12 de julio de 2009

Sencillos consejos para evitar la gripe que difunden los cerdos (esos grandes que manejan a los más chicos que usan micrófono y corbata)

Levantarse...
no digo a qué hora ni dónde,
sólo levantarse, siempre levantarse.

Tomarse unos cuantos mates
con yerba rosa que termina en bosque.

Caminar más en directa proporción
a la fealdad del día.

Aspirar el viento frío
de la mañana o de la noche
o de la madrugada (el que tiene olor a pan)
El de la noche tiene olor a noche y nada más
y por eso hace bien.

Darse un toque de humo cada tanto
para contaminarse las profundidades
(no vaya a ser que el exceso de pureza
facilite posteriores desarrollos de la enfermedad)
con tabaco que empieza como Mari
y se vuelve lepidóptero,
armado con la paciencia china
del papel de arroz.

Variar cada tanto con L. Martini mentolados
para abrir las fosas del alma,
pudiéndose variar con los rubios de siempre,
(cosa de confundir al virus malicioso
pues su maldad es directamente proporcional
a su previsible y monótona estructura
y la sorpresa lo mata.)

Acompañar esto con una buena pero prudente
ingesta de Capitán tinto
al que luego se le puede complementar
con algo más volátil
(para que asiente la proteína como decía Julio),
puede ser rubia o morocha la bebida en cuestión,
lo importante es que ronde los cuarenta para arriba
(como el que esto escribe)

Finalmente y para terminar
el día, la noche o lo que sea
buscar un beso en el cual
a modo de intercambio de húmeda experiencia (ver poema anterior)
resumir a modo de recuerdo, y recordar a modo de resúmen:

la succión del mate
la contaminación profunda del humo (no vaya a ser que la pureza...)
y el mareo enajenante del alcohol...

...esta última parte de la sencilla receta
suele ser la más difícil de cumplir
pero hay que levantarse
no digo a qué hora ni dónde,
sólo levantarse, siempre levantarse,
para salir a buscar el beso necesario
al que a diferencia del virus
la sorpresa lo inaugura.

(yo estoy sano, pero eso no quita que este frío me duela lo mismo.)