la corriente quieta de mis verbos en la orilla
un sueño de anzuelos inmóviles
de un día que te fuiste
la mañana fría y bella
la tarde gris de tus cenizas en el agua
y hoy la casa grande con la vieja sola
el fuego aún calienta los martillos
con los que ejercito mi torpeza...
(mucho siempre me sigue saliendo al revés)
...y ya ves, después de la creciente
las riberas exhaustas, silenciosas
recuperan sus pájaros de a poco
y tropiezo y me embarro como siempre
la creciente me arrastró por intensos bulevares
y aquí estoy silencioso y quieto
y a veces pareciera que escucho tu canto
y tu silbo en el viento
la creciente me dejó la arena lisa
la quieta arena de mi sangre está en el fondo
dormida de otoño con recuerdos de guitarra
la playa está serena, sólo la agita el palo-lápiz
tu astilla dibujando tu silencio
mientras miro callado la corriente
la playa, mis brazos, mi canto
el corazón de tosca
el sauce que llora por costumbre
y mi costumbre que llora por orillas
las que cada tanto barre la creciente.
(tu astilla juega con el agua
y su poca vocación pesquera,
pero guarda tus peces como cantos
y junta las piedras de tu nombre
comiendo algunas moras
o llorando como sauce)

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