jueves, 13 de marzo de 2014

Ya no

...un enojo de milenios
tapó el árbol
o quizá lo llevó
un enojo mil años más largo
un enojo más profundo
tapó el árbol, llevó el árbol
lo olvidó lapidándolo de arena
a ese árbol inocente
el árbol que no
el árbol que nunca
el que no quizo
el elegido para romper
para doblar y disolver tu sombra
allí perdió su propia sombra
bajo el agua
un borrón y cuenta nueva
de este canto de correntada
que sumergió tu árbol
tu día del No
tu noche de olvido
de los días de sol
tapados por este animal
con el lomo erizado
que nos muerde el adiós
del verano
como muerde tu adiós
en el mismo bocado
tu adiós, tu No
tu enojo pequeño
perdido en la corriente
junto al árbol
ese que no, ese que nunca
el que no quiso
el que ya no.



A tu memoria Gabriel.... donde quiera que estés.
                                                                               Marcelino

lunes, 10 de marzo de 2014

La creciente (otra más)

Y volvió la creciente viejo...
la de siempre, la de la espuma
la del agua marrón de chocolate
de arañas rasguñando su escape
sobre el espejo roto a remolinos
la del desorden de boyas y tanza
la de levantar cañas e irse...

enojado, marrón, excitado
levantando la voz por las orillas
retomando posesiones ancestrales
amontonando lágrimas en las compuertas
tomando exámen al corazón bombero
limpiando tu panteón
de plásticos blasfemos
lo miramos en silencio midiendo las ondas
con un nudo de sedal en el alma
y un remolino en la memoria

volvió a llevarse árboles
como si fueran sueños
volvió a llevarse sueños
como si fueran peces
volvió y tocó los barrios
volvió y besó veredas
cubrió las flores y los patios
despertando insomnios
que empiezan a cantar cuando atardece...

volvió, viejo, volvió...
y ahora viste... me inunda por dos frentes...
los años me abrieron la tosca del corazón
y hay otras calles y otros bulevares
y otras bocas de tormenta
y el cauce de mi sangre está más hondo
pero también más ancho
quizá por eso la creciente
se puso ancha de tiempo
y ahí está empecinada
mirándonos... mirándonos
con su ceño fruncido de corriente

y entonces la miramos...
la miramos en silencio midiendo las ondas
y esperando
con un nudo de sedal en el alma
y un remolino de niñez en la memoria.