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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

ENTRE LA NIEBLA

El río entre la niebla.... el corazón que nada ve
dos ángeles de agua turbia muriéndose acostados.
El frío de los peces que me llueve por dentro,
y el verde que parece sólo una ilusión de esperanza,
el verde pareciera una mentira más de tantas.

Años, que se sientan en la orilla
años que se han puesto una voz joven
y un canto que fue dolor una vez vuelve a sonar,
risas me duelen el dolor, dolor que ríe,
al final todo sonríe con dientes de penas entibiadas,
una ribera con v corta y una zamba que suena
a los dos lados del teléfono
permiso para cantar dolor antiguo
sí, dale nomás que ya no duele... es más: me río.

Canción-cáscara, esqueleto amarillo
pañuelo seco, ojos que por la correntada
ya habrán llegado al mar
peces longevos que tiritan
y a veces su frío me llueve adentro...
una vez que fui al mar le pregunté a otros peces...
¿cuántos otoños compañeros?
y una mentira más de tantas
una esperanza de ilusión aletargada...

.... y el ángel del río entre la niebla
pide nieve otra vez
para morirse de frío
corazón
ciego y acostado.

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