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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

Calor


calor que me trae los sueños
de los que no pude despertar
calor que edifica los puentes derrumbados
calor que canta y quema
la corriente más honda del río
la arteria ramificada
constelación de flores de manos inciertas
calor que me atropella el sueño roto
calor que involucra palabra y sudor
canción y dolor del alcohol
que desgaja el aullido de un pedazo de luna

calor que quizás apure una lluvia
la lluvia final que me enjuague la sangre del cielo
y que me lleve al suelo
una lluvia que atraviese mi corazón de tierra
y que seguramente me pegue
con sus trinos de risa
y esta vez me duela.



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