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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

Las primeras nieblas

las primeras nieblas
de la primavera al revés
me traen tu mano diciendo adiós
y no de mí sino del mundo
me traen un desvelo con gusto a barro
y una sombra arañando el alma
y un sinfín de fines que no quise

las primeras nieblas me doblan el acero
con que creí estaba hecho mi corazón
y descubrí que era de nube
y que cualquier viento de otoño lo rompía
y descubrí que iba a estar solo de repente

.... y estar solo no era nada
al lado de tu partir hacia la nada

las primeras nieblas me traen el tren de tantos días
en silencio y sin saber a quién rezarle
yo que no le rezo a nadie

las primeras nieblas me humedecen 
de tu plena crueldad o de tu inocente frialdad
de tu desalmada quietud en la distancia

las primeras nieblas me desgajan
pero sólo es hoy
y en las segundas nieblas volveré a reir
porque aún estás...
y porque además... 
ya no estás.

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