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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

No alcanza


Como no alcanza una mirada
para ver todas las estrellas de una sola noche
como no alcanzan millones de números
para contar las gotas de una lluvia cualquiera
así, no me alcanzan los brazos 
para envolverte el corazón gigante
sólo puedo con ellos dar idea
de sus difusos límites, 
que se pierden en el infinito

no alcanza la palabra... ni siquiera existe
la que defina la estatura de tu alma,
alma que crece aún más alto 
que tus huesos más altos

no alcanza el río para decir el agua que me cuelga
cada vez que recuerdo 
tu paso blando por el viejo escenario

no alcanza la longitud de mis años
para medir el milagro frondoso de los tuyos
(tan pocos que me alcanzan los dedos)

no alcanza el asombro para entender
que saliste un poco de mí
una sola noche como un reflejo estelar
en una lluvia cualquiera 
como una gota de luz.

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