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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

No estás lejos


apenas a un aletear de Juan Salvador
ahí nomás al borde de los sueños
a un salto de gorrión
de cualquier plaza
ahí nomás en la orilla de en frente
mirando la corriente
que puede ser ésta misma
la de una tarde de lluvia

quizá parezca lejos
pero el cielo es el mismo
aunque suenen distintos
los vuelos de palabras
aunque la luna se dé vuelta
aunque la hora es deshora

apenas a un grito de gaviota
a un gallo reloj que pinta el día
a un giro de zorzal que le da sombra

no estás lejos
por más milenios de dioses
que tenga la catedral sobre los bancos

estás ahí
apenas a un croar,
apenas a un gotear
que me salpica
ahí nomás en la orilla de en frente
nada más, cruzar la pasarela
sobre el murmullo
de una creciente de verde y gris.

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