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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

Los recuerdos

 Dónde quedarán 

cuando se agriete la sangre de la memoria

cuando no haya más nadie que los certifique o desmienta

y no quede una voz que los cuente.


Cuántos jirones de mí, esparcidos

en bulevares, veredas y madrugadas

quedarán a la intemperie del olvido

cuando mi paso no sea.


(Madre, ¿cómo se ve el siglo para atrás,

desde la lucidez que perdió el poder de caminar?)

(Padre, ¿cómo se ve la línea que todos llaman Muerte,

desde ese país al que te fuiste antes de irte,

donde el ahora y el ayer se parecen a nunca?)


Quizá en tu copa, amigo

haya una palabra mía

que me haga caminar al lado tuyo.

Quizá en un papel con mi nombre impreso

se libre la batalla final

contra la muerte más eficaz

la del olvido.



                                                                                A los caminos recorridos y por recorrer, donde dejo rastros de                                                                                                                                                                                    todas mis pieles.

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