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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

¿No has visto dónde me dejé las tizas?


 No has visto dónde me dejé las tizas

aquellas con las que subía al cielo

pintando el suelo


extraño aquel azul donde me ahogaba


hay nubes que no sé de dónde vienen


y la niebla desdibuja mis veredas.




Pateo unas piedritas por si acaso


a ver si asoma el sol en una esquina


busco gorriones


dirijo un silbo más al horizonte


un grito entre baldosas despintadas


pero el cielo sigue siendo inalcanzable.




Tu suelo es un camino de color


el cielo que besa tus alas


te brilla por los pies


tu vuelo es esa risa que durmió


guardando el aletear en un bolsillo


junto a tizas azules


y una piedra parecida al sol.




Camino entre fantasmas de baldosas


y un viento de la siesta en primavera


amor celeste


la flor de la mirada que enamora


y el río vuelto espejo de mi sangre


con mi calle desgastada en la memoria.



Mirá cómo tropiezo con mis sombras


qué lejos me ha quedado la mañana


extraño el vuelo


y el aire que me pega en los rincones


es humo con que disfrazo al olvido


el que ahoga de silencio mis canciones.




                                A mi hijo Leopoldo, al niño que fuiste , pero que cada tanto aflora. 

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