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Una vez un árbol

 Tuve una vez un árbol o quizá más pero recuerdo siempre  a aquel pequeño salvaje que me arañó la piel lo recuerdo más no sé si en las heridas o en la tristeza de arrancarlo de aquella orilla de la ciudad para llevarlo preso a la cárcel de mi patio ...   allí murió de niño entre horizontes de pared.   Tuve una vez un árbol también otros sauces del río , paraísos de veredas infantiles... pero a éste lo robé del suelo y por eso lo recuerdo siempre y también por sus espinas en mi piel y en mi alma de ladrón y carcelero.                                                                                                            

Un soneto de rima escondida



Lloraba, la gota de lluvia sobre el cristal
borroso de un sueño que no fue
lloroso el caminar del agua en la mejilla del vidrio
curaba las mismas heridas que me abría en la piel.


miraba, la luna que no deja ver el llanto
poderoso del recuerdo de un sol que fuiste
oloroso jazmín que casi no existe
perduraba el aroma de ayer, aquí en mi.


Llover, verbo que se escucha afuera
salpicando de flores que no se abren
despierto el silencio otra vez


volver a callarse en solitario dolor
recitando el cantar para adentro
desierto ya de gotas que lloraban el cristal.




(la rima escondida como vos, mostrándose
sin querer, como esta lluvia que descubre
 el escondrijo de mi corazón.)




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