jueves, 6 de agosto de 2009

Insomnio indescriptible

noche celeste que me aprietas
sobre un río endurecido de veredas
me deslizo en el cristal pulido a caminatas
exceso de asfalto que asesinó mi tierra
arenilla tortura de mis niñas rodillas
noche celeste dura y fría
matando el bostezo del día
caminando por dentro los despojos
la sombra pura del olvido
el canto a flor de pecho abierto en baches
de una calle de maltrecha esperanza
que me lleva siempre al marrón dolor del río
allí donde me duele enero como un árbol caído
allí, entonces, ahora, hoy, ayer de un remolino
y un ademán, y un vaivén interminable de la sangre que no calla
y un grito callado entre palabras escritas y no...

y un paso más al norte y un salto más al sur
y la sed y el ademán y la sed y la dormida ilusión
y la sangre no callada burbujea en un martillo

noche celeste caminando mil veces
la avenida del constante diapasón, dolor de cuerdas
dedo crispado en un acorde universal
para atraparte, para atraparte... y no, no estrella, no

noche celeste con luna tan quieta como inútil
rasgadura inerte del silencio que exagera
la risa de los grillos que no existen
como la lluvia que no ha vuelto

merodeo el disco de la luna que ha matado al lobo
en un filo plateado de redondo aullido
y me subo y me bajo por la raíz
la raíz cuadrada de mi mismo
las potencias elevadas de mis días viejos
y esto que soy, el resultado
el inerte resultado de las manos
en la inercia crucial de la celeste noche
y su apretar callado como mi sangre ahora
y su ruta atiborrada de porqués
negros como el infinito

mis sumas y mis restas y la raíz final
y la mentira y el ajedrez fatal de mi camino
y los besos del viento y los besos que no han sido
y la sombra que indigesta la memoria
y el otra-vez del silencio... y el humo... sí
el humo con su color de noche celeste y obstinada
y esa puerta que golpeo, la del sueño...
cerrada
como las del bulevar de mi memoria
un largo túnel de puertas cerradas
con un candado de noche celeste
un cerrojo y una clave y un signo igual
de la raiz cuadrada de mi mismo
y esto que soy, el resultado
poco más o menos el viento

"¿no cesará este rayo... NO, no cesará.
perdón nona vecina... voy a ponerme a cantar como Martín,
porque si no, no llegaré a dormirme por los siglos de los siglos.

2 comentarios:

dorada dijo...

Genial tu poema Marcelino. Es una mezcla de expresiones matemàticas con metàforas literarias, recuerdos vividos y sueños deseados.
El verso que me ha impactado ( por tus antecedentes) es el siguiente:
"merodeo el disco de la luna que ha matado al lobo"...
Una duda: muriò el lobo?
Realmente, te felicito.

dorada

Marcelino Martini dijo...

Gracias!jeje, bachiller físico-matemático el tipo, de algo sirvió. El lobo no ha muerto Mary, está dormido, jeje, lo de las balas de plata es mentira, es para que la gente pueda dormir tranquila. Pensá que un lobo es algo así como un ave fénix que no vuela... pero no digas nada!. Abrazo de garra y pelambre.